Bienvenido al mundo real, una cosa es decir lo que quieres y planificar el viaje, y otra muy distinta es ponerse a navegar. Como en todo viaje, surgen imprevistos. Sería algo así como navegar en un mar, a veces embravecido, con grandes olas y grandes acantilados que hay que esquivar y sortear. Ponerse al timón en estas condiciones requiere valor, determinación y saber gestionar el estrés. Esto es fundamental. El tomar decisiones en momentos de crisis o estrés requiere de un estado mental  adecuado. Un estado mental apropiado, a su vez, es una combinación equilibrada de activación con descanso; en otras palabras, notamos una tensión psíquica vital, por una parte y, por otra, experimentamos una sensación de tranquilidad interna. Esta paradoja no suele ser experimentada por muchas personas, cuando están en momentos de angustia y estrés en su vida. A veces, incluso la desesperación ante la angustia y  estrés es de tal magnitud, que aparecen comportamientos autodestructivos.   En la consulta con frecuencia aparece gente que en momentos de crisis, llama por teléfono desesperada pidiendo ayuda y, tras una breve conversación dicen, entre la angustia, algo así como: “Mire Doctor, cuando ya me encuentre más tranquilo y resuelva los problemas que tengo pendientes, le llamo y me pongo en tratamiento”. Este sin sentido se produce cuando el estrés es tal que las personas no descansan y no desarrollan un mínimo de tranquilidad interna. Como les digo, “ahora es el momento para que te ayude;  cuando estés tranquilo y hayas resuelto los problemas, no necesitarás ninguna ayuda”. Para estar tranquilo internamente y resolver los problemas, se necesita un método que produzca la recuperación cerebral psicosomática facilitadora del descanso. Uno de los métodos naturales para recuperarnos y descansar es el sueño saludable. El dormir poco y mal, es decir de forma poco reparadora, se puede percibir visualmente, en el aspecto de nuestra cara, ojos, en la tensión muscular, o en la postura de nuestro cuerpo. Internamente, existen efectos a veces no percibidos por uno, en tanto que el estrés prolongado disminuye nuestro campo de conciencia. Generalmente, pueden manifestarse por ejemplo en dolores inespecíficos, en un aumento de la tensión arterial o en una fatiga corporal, sin entrar en efectos más concretos sobre la salud. Uno de los problemas más comunes que refieren muchas personas en situaciones de estrés es que tienen problemas en el sueño, no descansan bien y tiene dificultades de concentración y fatiga por el día. Hay necesidad de dormir, pero no pueden utilizar este recurso natural para descansar: “Quiero dormir, pero no me entra el sueño; y, si me duermo, me despierto temprano”. ¿Qué hacer en estos casos? Hay una serie de claves fundamentales en nuestra recuperación:

  1. Practica métodos para entrar voluntariamente e intencionalmente en estados de calma y tranquilidad. Si dejas todo en manos del destino, la calma no suele aparecer mágicamente. Si practicas alguna técnica meditativa, te será de ayuda. Si no, aunque se necesita un aprendizaje concienzudo y de forma continua de algún método, puedes empezar, sólo, por algo muy sencillo: la práctica de no observar  lo que ocurre sin intervenir. Siéntate cómodamente en una silla o túmbate en una cama o en una colchoneta. Cierra los ojos y simplemente observa lo que ocurre en tu experiencia, con la autoinstrucción de dejar que todo ocurra, y sin intervenir: no enjuicias, ni tomas partido por nada. Puedes notar pensamientos, sensaciones molestas, tu respiración, ruidos externos, o puedes sentirte a gusto…Da igual, tan sólo presta atención a lo que ocurre, sin intentar evitar ninguna sensación, aunque pueda ser un  poco incómoda. En uno o dos minutos puedes salir con una profunda respiración, estirando bien los brazos. Puede que ahora estés muy irritado, o muy calmado. En el primer caso, estás percibiendo tu estado interno y la repetición de este ejercicio hará que esa tensión interna vaya poco a poco perdiendo fuerza. En el segundo, si estás muy calmado, quiere decir que has tomado contacto con tus mecanismos naturales de recuperación. Sigue practicando este ejercicio para que la calma que has experimentado vaya haciéndose estable en tu vida.
  2. La tranquilidad está dentro de ti y requiere de un cuidado y de una práctica. Hacerlo uno solo, por  autoaprendizje,  cuesta mucho más que si recibes instrucción de otra persona. Pedir ayuda, cuando la necesitas no es un síntoma de fragilidad, sino de fortaleza. La tranquilidad interna no se aprende en un libro; un libro orienta y te aclara dudas, pero no sustituye a la experiencia de alguien que ha pasado por la experiencia y sabe cómo se inducen estos estados saludables de descanso y calma.
  3. Dormir saludablemente es necesario y el cerebro hará lo posible para que duermas. Igual que cuando nos hacemos una herida, hay mecanismos de cicatrización, cuando tenemos estrés y nos fatigamos: el cerebro busca nuestra recuperación de manera natural. Dormir es algo natural y no se puede forzar; incluso, cuanto más te empeñes en dormir, más dificultad tendrás para tener un sueño reparador. Lo que sí podemos es facilitar su recuperación, a través de ejercicios que promueven la capacidad de reequilibrio del cerebro. Si no puedes dormir, mantén simplemente tu conciencia despierta dándote cuenta de lo que aparece en tu mente, sin intentar dormir y practica los ejercicios de no hacer nada con frecuencia. Debes de saber que, con frecuencia, una vez que han terminado los problemas o situaciones de estrés intensas y duraderas, los problemas de sueño persisten. Aunque uno no tenga problemas externamente, la capacidad de recuperación cerebral puede estar afectada y puede tardar más tiempo en volver a un estado saludable. Es como si se hubiese activado un círculo vicioso del que no salimos, y que nos produce agotamiento y dificultades para descansar.
  4. La potenciación de la capacidad natural del cerebro para recuperarse no se hace con un método racional, orientado hacia la consecución de una meta como si fuera un objetivo empresarial. La calma y el sueño no dependen de la razón, sino de la conexión con un estado mental apropiado. Esta es tu tarea principal.

La tranquilidad es necesaria para estar en paz con uno mismo, pero no es suficiente para estar en equilibrio. El equilibrio es un estado dinámico en la que actúan muchas fuerzas, tanto agonistas como antagonistas.  El concepto básico de equilibrio psicológico se puede definir por una mezcla compensada de distintos elementos o fuerzas, de distinta naturaleza y valencia afectivo-comportamental, que combinadas de forma apropiada, confirieren unas propiedades satisfactorias y apropiadas al estado psicológico. Cuando nos referimos al equilibrio psicológico, lo hacemos considerando que una persona:
a.- Tiene, por una parte, unas características personales y un entorno que están en continuo proceso de negociación, sin entrar en confrontaciones conflictivas. El conflicto se sustituye por la negociación e intermediación, produciendo estados paradójicos en el plano psicológico. Por ejemplo, un padre puede tener necesidad de control y autoridad sobre su unidad familiar, y un hijo adolescente puede tener necesidad de autonomía e individuación personal. En esta situación, las fuerzas son contrapuestas y antagónicas, pudiendo generar un conflicto. El equilibrio apropiado y beneficioso sería el punto en el que (1) el padre ejerza su autoridad en los elementos comunes del hogar y que afectan a toda la familia, mientras que (2) se retire de la toma de decisiones referidas a los deseos individuales de su hijo, y que no afecten a la familia y a la salud y bienestar de su hijo. Es decir, ejerce autoridad, pero permitiendo que su hijo tome decisiones, promoviendo el derecho a que se pueda equivocar, además de acertar.
 
b.- Además, desde un punto de vista estrictamente personal, el equilibrio tiene que ver con una adecuación a las circunstancias: cuando es necesario ser activos, emprendiendo una acción, modulada y ajustada al contexto;  y, cuando es necesario mantener una actitud de aquietamiento y calma ante circunstancias, uno contempla las situaciones sin actuar.
c.- Con respecto a la mezcla de características personales, el equilibrio se relaciona con el efecto compensatorio de rasgos o características personales. Por ejemplo, si alguien tiene un alto nivel de aspiraciones y gran motivación de logro, es apropiado que tenga una humildad en sus logros. Este punto de mesura es necesario, ya que tanto el éxito o el exceso de ambición produce efectos adversos tales como el autocentramiento excesivo ( uno sólo ve desde su punto de vista) y una excesiva atención o percepción de las necesidades personales, prescindiendo de, o negando, las necesidades de los demás. Estos factores de autocentramiento y focalización en necesidades personales, interfieren en el trabajo en equipo
    El equilibrio se puede expresar con paradojas, por llevar implícitamente en su definición, contradicciones o elementos antagónicos, aparentemente. Hay tres paradojas o definiciones que pueden ayudarnos a entender este principio:
1)     El equilibrio está en un punto en el que yo gano y los otros ganan o yo estoy bien y tú estás bien .
Esta definición se basa en el equilbrio entre tus necesidades personales y las necesidades de los demás. Las personas somos interdependientes y, a no ser que te conviertas en un explotador o manipules a los demás, te encontrarás a gusto cuando percibas que tú ganas y los que están a tu alrededor ganan, y cuando tú estás bien y contribuyes a que los demás estás bien. Si ganas tú, pero los que están a tu alrededor pierden a tu costa, y si tú estás bien, pero haces sentir mal a otras personas de tu entorno, el equilibrio no existe. Tendrás la percepción de que todo va bien, de que estás en equilibrio, pero es una ilusión: estás desorganizando el sistema. Esto es frecuente en muchos ámbitos, tales como el trabajo, la familia o la pareja. Cuando sólo uno gana o está bien, probablemente estamos ante dinámicas donde el maltrato psicológico está actuando.

2)    La paradoja de “ser todo y nada al mismo tiempo”
El éxito nos lleva a situaciones de desequilibrio, a no ser que cultivemos otras virtudes o actitudes. El valor y la confianza, elementos fundamentales en nuestra vida,  necesitan un contrapeso para equilibrar los desajustes de un exceso de ambos. El exceso de confianza en uno mismo lleva a la soberbia y a la desconsideración narcisista; el exceso de valor lleva a la temeridad, a uno mismo y a otros. Un punto de equilibrio es apropiado: confiar en uno mismo sin desvariar y avasallar, abierto a ideas y respetuoso con los demás, y tener valor, siendo consciente del riesgo y de las emociones y consecuencias asociadas. Los factores de equilibrio o de regulación son los más difíciles de encontrar en nuestra sociedad, ya que suelen ser los últimos en desarrollarse. Así, cuando alguien experimenta éxito desbordante, no quiere saber y/o no suele tener idea, ni de la caída que puede tener, ni de las consecuencias adversas de lo que hace. En nuestra educación aprendemos a tener éxito, a competir, a esforzarnos, a ganar, incluso a perder; pero difícilmente, nos enseñan a desarrollar la modestia, la humildad o el respeto. Suele ocurrir, que la vida nos da una lección sin nosotros buscarla; es, entonces, cuando nos interesamos por estos elementos reguladores de nosotros mismos. Finalmente,  te das cuenta de que tu poder es inmenso, sí, tienes confianza y valor; pero tu poder es una gota insignificante en un océano. Es la paradoja de ser todo y ser nada al mismo tiempo; ese es el punto de equilibrio. Es como que tienes todas las propiedades para tener un gran potencial o energía, como una gota de agua del mar; pero sin las demás no eres nada. Eres todo, pero también no eres nada, ya que necesitas a los demás.

3)  El equilibrio está en poner toda tu energía por el éxito y el triunfo en lo que hagas, pero con humildad: el mayor éxito es existir y desarrollar tus potencialidades; lo demás es accesorio”.
 Cuando en la vida nos acostumbramos al éxito, se produce una adicción tal a esta experiencia, que en el ímpetu de seguir o ascender todavía más en la senda exitosa, podemos descarrilar con estrépito. Este descarrilamiento se puede producir en muchas facetas de la vida: el gobernante-estadista que conduce a un país con éxito, tiende a creer en su infalibilidad y certeza en todas sus acciones futuras; el inversor en bolsa que acumula grandes plusvalías en años, tiende a creer que sus análisis son perfectos y que siempre lo serán; el constructor que ha vivido grandes años de bonanza económica, cree que su negocio es una fuente ilimitada de ingresos y que siempre lo será. Cuando la evidencia trastoca por completo los planes de uno, la experiencia es dolorosa y suelen pasar dos cosas: o bien, aparece el miedo y el pánico, creyendo que es el fin del mundo y que nada volverá a ser como antes, desconfiando hasta de uno mismo; o bien uno se empecina y se autoafirma en su posición de centralidad, negando las evidencias y rechazando revisar los propios planteamientos, por si fueran inadecuados o incorrectos. En este último caso, la sensación de (pseudo)seguridad en uno mismo es tal, que no es posible ver otras posibilidades; el recuerdo del éxito nubla la conciencia. Ante este panorama, parece difícil encontrar una solución. Para vivir, se necesitan conocimientos, temple, determinación, persistencia y  convicción en lo que hacemos. La pregunta es cómo desarrollar la propia convicción sin descarrilar. El mundo es como el mar, bello y gratificante, lleno de vida, pero también con parajes donde habitan voraces depredadores- como los tiburones- ante los cuales la vacilación es mala compañera. ¿Es posible vivir con convicción en lo que haces, sin ser un depredador, o sin que tu propia convicción te ciegue? Se dice que la humildad es una gran virtud, y que implica un conocimiento de las propias limitaciones y debilidades que acompañan a nuestras aptitudes y/o virtudes. Es algo así como el contrapeso de nuestras ambiciones, aspiraciones, deseos, metas y propósitos. Igual que en Física la fuerza centrípeta “equilibra” y posibilita una trayectoria circular ajustada, la humildad equilibra otras fuerzas de la Naturaleza humana como la codicia, la necesidad de poder, la ambición o la adicción al éxito. Humildad es un término que proviene de humilitas (del latín), que a su vez deriva de la raíz humus; es decir, hace referencia a partes “bajas” en el suelo, pero que curiosamente son las partes que aportan fertilidad a la tierra. Es gratificante comprobar la belleza de una planta o el sabor de sus frutos, pero no somos conscientes de que gran parte de ello se está generando en el humus. De igual forma, el cultivo de uno mismo, comienza en el suelo y no en las partes “visibles”, ostentosas, pero frágiles sin los micronutrientes psicológicos apropiados. En el suelo se encuentra la humildad; es más fácil dejarse seducir por las partes relucientes, pero la belleza se apaga o deteriora si no se presta atención debida a la humildad. El cultivo de la humildad se realiza a partir de dos tareas fundamentales:
a.- La toma de contacto con el “reflejo de poder”, o reflejo fruto de necesidades emocionales insatisfechas; se trata de una engañosa sensación de que uno puede con todo y de que quiere éxito a toda costa. A diferencia del poder equilibrado por la humildad, el reflejo de poder aparece de forma incongruente con otros aspectos de uno mismo y fuera de nuestra conciencia: tiene que ver con la experiencia de insaciabilidad y de adicción al poder. Así, por ejemplo, el estadista que ha gobernado con éxito se siente insaciable y quiere pasar a la Historia y ser alguien único, cometiendo entonces errores desde su necesidad insatisfecha; o el inversor exitoso en los Mercados Financieros, se plantea el reto de subir más niveles de rentabilidad, arrastrado por su necesidad de más poder y éxito, cometiendo entonces errores infantiles fruto de su codicia, arruinándose o llevando a otros a la ruina.
b.-  El cultivo de la humildad, no como freno o desvalorización, sino como elemento regulador de otras emociones y fuerzas intensas de la naturaleza humana, es el siguiente paso. Parte del trabajo está en el recuerdo del paso anterior, haciendo un seguimiento del “reflejo de poder”; la otra parte tiene que ver con el desarrollo de una actitud vital algo así como: “Pon toda tu energía por el éxito y el triunfo en lo que hagas, pero con humildad: el mayor éxito es existir y desarrollar tus potencialidades; lo demás es accesorio”

La vida conlleva experiencias de frustración. Desde que nacemos hasta que morimos, experimentamos, queramos o no, obstáculos  tanto internos como externos, en el camino hacia nuestros deseos o metas. Cuando tomamos una actitud constructiva, aprendemos a disolver o superar estas barreras.  Las barreras que obstaculizan nuestros objetivos vitales pueden ser de dos tipos:
a.- Las procedentes del entorno, muchas veces imposibles de cambiar. Se trata de barreras tanto competitivas, como obstructivas que entorpecen o bloquean el progreso personal.  Las competitivas consisten, realmente, en competidores desleales  por el acceso, disfrute y  desarrollo de un proyecto vital. Los denomino desleales, puesto que utilizan privilegios  personales presupuestos, dados o consentidos por el entorno, a diferencia del resto de los competidores, que utilizan exclusivamente sus recursos personales, sin gozar de privilegios añadidos del entorno. No se trata, pues, de las barreras competitivas naturales y constructivas, basadas en la sana competición del talento.  Las barreras obstructivas son, realmente, trampas que, de forma casi siempre intencional, pueblan el camino de aspirantes nobles a un objetivo vital. Dentro de este grupo de barreras nos encontramos las trabas administrativas discriminatorias, los reglamentos caprichosos sin previo aviso, o la valoración asimétrica de méritos.
b.- Las procedentes de uno mismo, casi siempre superables, aunque parezcan imposibles subjetivamente. Se trata de barreras creadas dentro de uno mismo y que están relacionadas con experiencias  mal asimiladas y/o con desarrollos incompletos o incongruentes de la personalidad. De esta forma se pueden generar sentimientos, por una parte, de miedo, inseguridad en uno mismo, desazón, ira,  desvalorización; y, por otra, de codicia, envidia, megalomanía y narcisismo.  En cierta medida, los principales enemigos de uno mismo para el desarrollo de los proyectos vitales son el miedo y la codicia. El miedo te paraliza y la codicia te lleva a exponerte a situaciones sin solución, auténticos callejones sin salida donde la ruina está esperando. Por otra parte, los sentimientos de ira, presentes en las situaciones de frustración, pueden ser un acicate para superarnos o para destruirnos.
El  manejo de la ira es un elemento importante en las situaciones de frustración. La rabia interna, puede ser un elemento movilizador de acciones constructivas o, por el contrario, puede originar comportamientos auto y heterodestructivos,  generando excesivos daños y malgastando energías innecesariamente. Las reglas básicas de la gestión de la ira, tras frustración aguda o continuada, son:
1.- Reconocer e identificar la ira dentro de uno, sin prejuzgarla como mala o buena. La ira es buena o mala, dependiendo de los pasos siguientes.
2.- Acepta la ira y no la niegues o la intentes “olvidar” ,“dulcificar”, o cambiar por otro sentimiento; si estás con rabia, enfadado, y con ganas de enfrentamiento, acéptalo como quien nota que tiene fiebre ante una infección vírica que le está debilitando.
3.- Detecta tu punto de partida entrando en un estado de calma, aunque sientas mucha rabia.
4.- Desde la calma, mira a dónde quieres ir. Si no sabes bien dónde, sigue en calma, con la búsqueda en tu mente del “lugar” o “estado” que quieres.
5.- Determina una tarea vital constructiva que dependa de ti. No intentes cambiar lo que no depende de ti, esa no es tu tarea. Cambia lo que es cambiable y nunca te obceques en cambiar lo que depende de otros.
6.- Dedica tu foco atencional a la tarea que has decidido con determinación inquebrantable, aunque tu interior esté furioso y tenga más ganas de destruir que de construir.  La determinación es independiente de tu sentimiento.
7.- Persiste con tu tarea; la duración es otro pilar fundamental para construir algo desde, o a pesar de, la ira.

    Sentir insatisfacción es algo inherente a la naturaleza humana. Incluso, gracias a ello, hay una cierta presión adaptativa para mejorar y perfeccionarse. Esta presión por la perfección es adaptativa y positiva. Sin embargo, la presión más artificial de querer ser alguien en la vida genera efectos adversos. Normalmente, cuando alguien quiere ser alguien en la vida, está reclamando algo que no tiene en el momento actual, muchas veces presionado por necesidades insatisfechas o por la necesidad de poder o reconocimiento. Tener una necesidad de “ser alguien en la vida” puede ser muy incómodo. Lleva consigo unos sentimientos complejos y unas necesidades insatisfechas. Es cierto que las personas necesitan autorrealizarse en la vida, pero esa motivación puede generar un bloqueo de la capacidad natural para ser uno mismo. Ser uno mismo, auténtico, genuino, tomar contacto con tus capacidades y desarrollar tus potencialidades no se basa en la motivación de “tener o querer ser alguien en la vida”, sino en el encontrar y/o descubrir una salida a nuestras potencialidades. Para descubrir una salida a nuestra potencialidad de forma natural, hay una serie de pasos:
    1º Aceptar la paradoja de la tendencia hacia la perfección aceptando los sentimientos de insatisfacción, imperfección o frustración. La insatisfacción permite la búsqueda de la perfección, y su aceptación nos centra en nuestra tarea de perfeccionamiento.
    2º Céntrate en lo que haces más que en lo que consigues. Lo que consigues es sólo el producto de lo que haces. Tu tarea primera fundamental es hacer y perfeccionarte en el hacer, más que desperdiciar tu tiempo en centrarte en pensar en lo que vas a conseguir.
    3º Haz algo, desde dentro, y no hacia fuera. Es decir, haz algo desde tus intereses, capacidades y motivaciones; no desde los intereses de otros, o para ser valorado o reconocido por otros. Aunque seas reconocido y valorado, la sensación de aprender y realizarte personalmente, y ser útil, es más importante para el desarrollo natural de tu potencial.
    4º Si fracasas en un proyecto, tómatelo como una información muy relevante y útil. El perfeccionamiento viene del fracaso, o de algo que no encaja bien; si todo te parece perfecto, los proyectos se enquistan y se empobrecen. Aceptar las críticas y reconocer los errores es una virtud más sobresaliente, que autoproclamar alabanzas y autorreforzamientos; esto último suele ser más fácil que lo primero. No siempre lo más fácil es lo más enriquecedor.

Los sentimientos pueden clasificarse en dos tipos, dependiendode si están vinculados o no de objetos, personas, ideas o conceptos ajenos a nosotros mismos. Así, distinguimos: (a) sentimientos genuinos proceden de la propia naturaleza o de la construcción propia de uno mismo, o al menos, de experiencias en las que en gran parte puedes hacer una elección personal; (b) sentimientos condicionados, que dependen de la experiencia sin elección y que están determinados por condicionamientos a objetos, personas ideas o conceptos. Dentro de los sentimientos genuinos se incluyen los sentimientos incondicionados universales, con un carácter más biológico que sociológico, y que pueden ser considerados vestigios de nuestro desarrollo filogenético. Los sentimientos incondicionados son variados y se presentan sin necesidad de condicionamiento alguno: el miedo, la tristeza, la ira, la alegría, etc. Los etólogos y antropólogos han estudiado a través, tanto del desarrollo filogenético como de la comparación de diferentes culturas, expresiones emocionales comunes que parecen ser universales, aunque con cierta variabilidad en sus formas de expresión. Así la vinculación afectiva de un latino es diferente de la vinculación afectiva de un japonés. La expresión afectiva latina es más abierta, más pública y menos ordenada que la de un japonés, más íntimo, ordenado y cooperativo. Podemos decir, por lo tanto, que hay ciertas emociones universales, pero que han sido moldeadas por la cultura e historia. Cuando experimentas estos sentimientos, expresas algo de forma natural, sin esfuerzos adicionales, y sin vivir condicionamientos intensos en poco tiempo. Por otra parte, sin embargo, otras expresiones emocionales  no son  universales y sí son fruto del condicionamiento y del aprendizaje social; por ejemplo, la emoción que sentimos ante una bandera, o la que sentimos cuando declaramos que somos de un país o nación, o cuando escuchamos el himno de nuestro país. Una bandera, sólo es un símbolo, y no nos produce ningún placer o beneficio en sí misma;  y el escuchar un himno, tampoco nos debería producir ningún efecto más allá del que producen las notas musicales. La bandera y el himno tienen fuerza sobre las personas por las asociaciones realizadas con estos símbolos a lo largo de la historia.
Las emociones condicionadas son importantes, tanto o más como las emociones incondicionadas. Los símbolos que suscitan emociones grupales en el trabajo o en un país, pueden producir una mayor identificación con un grupo en pos de una meta final. Así, un deportista que sienta su bandera, está motivado para trabajar en grupo; un trabajador que dice con orgullo pertenecer a una región determinada, puede vender con ilusión y éxito un producto de su país. Ahora bien, desde un punto de vista saludable, es necesario tomar conciencia de que no son más que emociones condicionadas, que aceptamos como propias, y que podrían ser otras. Los problemas de las emociones no se derivan por cómo se forman y manifiestan dentro del respeto – uno puede sentirse muy orgulloso o feliz con su bandera o con sus señas culturales-; el problema que puede suscitar una emoción condicionada, es el sentirla como incondicionada cuando en realidad no lo es. Creemos entonces que eso es algo con lo que nacemos, que es una emoción que está en nuestra naturaleza biológica y que siempre ha sido así. En realidad, la mayoría de las emociones son aprendidas por nuestra experiencia e historia. Incluso, emociones primarias como el miedo incondicional sin motivo aparente, pueden ser recuerdos o huellas de nuestra evolución filogenética: las especies de las que procedemos han sido sometidas a un miedo real causado por experiencias de agresión y destrucción por depredadores. La percepción del condicionamiento de las emociones es muy importante, para poder vivir “libre” de las emociones de otras personas. Cuando estamos con alguien que nos hace sentir mal, no estamos sintiendo emociones que surjan de nuestro interior, sino que son emociones proyectadas a través de sutiles o directas afirmaciones verbales o señales no verbales ante tus comportamientos. Por ejemplo, si un adolescente muestra su ilusión en algo que hace o construye, y su padre le amedrenta por comentarios o enfados, señalando que va a fracasar, con seguridad aparecerán emociones negativas. Incluso estas emociones se transfieren, incluso sólo con la muestra de modelos reprobatorios o con dobles mensajes. Por ejemplo, en sectas o grupos cerrados se expresan mensajes tales como: eres muy valioso, pero tu maestro es un modelo inigualable, y nunca podrás tener su maestría. En este mensaje, aparecen componentes emocionales paradójicos simultáneamente; por una parte, está el sentimiento de valoración y gratitud y, por otro el sentimiento de inferioridad e imperfección. Sentir lo que es genuino y lo que es dado por otros es fundamental. Muchas emociones son “dadas por otros” y, por el contrario, tenemos la percepción de que son nuestras. Percibir los sentimientos con curiosidad, y sin trabas y cribas de juicio, es fundamental para estas diferenciaciones o discriminaciones. El poder elegir libremente depende de la capacidad para distinguir de dónde proceden nuestras emociones y, diría, de permitir sentir y conectarse con las emociones del pasado, que se hacen presentes estrechando el campo de nuestra conciencia y limitando nuestra capacidad de elección. Cuando tomamos contacto con estos condicionamientos, tenemos una valiosa información con la que podemos decidir qué hacer y qué elegir. Así, nuestras emociones son libres y genuinas, haciendo lo que nos interesa para la sorpresa de nosotros mismos y de nuestro entorno. El cómo hacer esta discriminación emocional se encuentra en el apartado de aplicaciones prácticas.