Un plan de vida no es una receta de cocina que a uno se le ocurre en un día. Normalmente, cuando uno llega a este punto, ya ha pasado por muchas experiencias, tanto gratificantes como frustrantes. Básicamente, cuando emprendes o trazas un plan o una estrategia es porque lo que has hecho con anterioridad ha sido estéril. Una vez que has delimitado lo que quieres, planteas un plan que debe girar alrededor de dos interrogantes: el qué y el cómo. Aunque cada plan de vida es individualizado y específico, no obstante integra los siguientes principios:

1. Fijar las prioridades

Cuando alguien define lo que quiere en la vida, puede tener varios objetivos, proyectos, deseos y metas. Por ello es necesario fijar la jerarquía de los mismos. La jerarquía se realiza a partir de una guía o propósito general; los pasos más próximos y/o más accesibles al propósito o guía deben de ser los primeros en la jerarquía, mientras que los más lejanos y/o menos accesibles se dejan aparcados para un momento posterior. La guía y/o propósito es el elemento motivador que hace posicionarnos hacia algo. Por ejemplo: “Una persona puede fijar un elemento de guía tal como “hacer valer sus virtudes o conocimientos curativos a otras personas” o “emprender proyectos empresariales que desarrollen un sector determinado, como la agricultura, o la construcción”. A partir de propósitos o guías, se emprenden proyectos o pasos más específicos. Por ejemplo, alguien que desee hacer vales sus virtudes curativas o de cuidado de la salud de otras personas, puede fijar varios objetivos: (a) Estudiar Medicina o una carrera de Ciencias de la Salud; (b) Hacer tareas de voluntariado en países subdesarrollados con muchos problemas sanitarios (c) Gestionar el desarrollo de una política sanitaria en algún país; (d) Trabajar en el comercio de medicamentos. Estos objetivos pueden entremezclarse con otros muchos tales como tener una familia con niños, comprar una casa con comodidades, viajar y conocer diferentes culturas etc… Fijar la prioridad, es seleccionar por orden los proyectos prioritarios en la autorrealización personal. Por ejemplo, alguien que llamaremos Juan puede pensar una lista de prioridades tales como:

a)    Estudiar Medicina y terminar los estudios
b)    Hacer tareas de voluntariado en otros países
c)    Trabajar en un hospital
d)    Formar una familia
e)    Comprar una casa con comodidades
f)    Contribuir en el desarrollo de una política sanitaria
g)    Viajar y conocer diferentes culturas

Pero otra persona como María, puede seleccionar como prioritario:

a)    Estudiar farmacia
b)    Hacer tareas de voluntariado
c)    Viajar y conocer diferentes culturas
d)    Trabajar en un hospital
e)    Formar una familia
f)    Trabajar en el comercio de fármacos
g)    Contribuir al desarrollo de una política sanitaria determinada


Las posibilidades son múltiples, pero cada persona tiene un punto de encaje, que va definiendo al tomar decisiones. Lógicamente, este plan puede variar o cambiar, cuando vemos claramente que lo que hemos establecido prioritario, no lo es, porque vamos descubriendo facetas que no encajan con nosotros. Por ejemplo, alguien que creía que a través de la política podría mejorar la sanidad de un país, encuentra todo lo contrario, porque ve que hay grandes intereses económicos  que son los que manejan el sistema. Por ello,  decide  cambiar la prioridad y no luchar contra el sistema, tomando otra decisión o camino.

2. Sé flexible y persistente en tu plan


Lo más importante del plan es diseñar mentalmente, y de forma concreta, un itinerario de viaje. Saber lo que va a ocurrir en el viaje es imposible. Posiblemente, surjan imprevistos que te hagan replantearte el itinerario, o veas otras posibilidades a medidas que avanzas. Ser flexible y persistente, a la vez, es una actitud positiva. Los planes son para cumplirlos, pero si observas que no te encajan como pensabas, o si ves como que te das golpes una y otra vez contra la misma piedra, puedes reorganizar tu plan. El punto de equilibrio está en el punto de ajuste negociado entre la persistencia y la flexibilidad.


3. No cambies lo que funciona bien, salvo por razones de fuerza mayor


Si algo marcha bien, perfecto, déjalo como está en principio. Sólo mira la posibilidad de cambio cuando detectas o prevés condiciones potencialmente generadoras de problemas, si sigues de la misma forma; o cuando has descubierto algo mejor, que produce un efecto saludable y optimizador de lo que haces. Por ejemplo, puedes estar adaptado a un trabajo, pero ves que el sistema de organización y gestión no ha cambiado, es muy rígido, y con las nuevas tecnologías otros competidores están comiendo mucho terreno; o puedes darte cuenta de que haciendo las cosas de otra forma, el trabajo o la tarea se hace más fácil.


4. Pasa a la acción con tranquilidad, determinación, curiosidad y humildad


Llevar a cabo un plan es tomar una decisión irreversible, sabiendo varias cosas. Primero, no es tan difícil llegar a un punto como mantenerse, o como recuperar una posición perdida. Identifícate con un estado de tranquilidad, curiosidad  y humildad en todo momento. Cuando las cosas vayan con dificultades, saldrás adelante; y cuando las cosas vayan viento en popa, seguirás en ese punto de equilibrio. Sentirse en paz, ser curioso en lo que ves te permite sorprenderte y ser humilde, te sitúa en un lugar privilegiado donde eres importante, por una parte, pero no el único.  La determinación te mantiene al frente de la acción, pase lo que pase, te sientas como te sientas.